¿Adiós Irak, adiós España?

Es una moda que parece ineluctable: los Estados-nación de costuras más débiles se debilitan. Cansados de mezclarse con todo el mundo, los pueblos aspiran a encontrarse entre ellos mismos. Los vínculos tecnológicos que diariamente conectan los cuatro puntos cardinales agotan nuestro gusto por la mezcla. Y cuando el hilo entre gobernantes y gobernados es demasiado largo, o demasiado frágil por falta de confianza, se rompe. Así ocurre allí donde el Estado nacional no ha conseguido superar diferencias y desconfianzas: parece ser el tiempo de las independencias regionales.

La Francia jacobina, que tanto ha hecho, con brutalidad a veces, para unificar sus regiones, quizá aguante un poco más. En otras partes, los Estados-nación se resquebrajan bajo el peso de los rencores. Cuando tienen la ocasión, las diversas comunidades ejercen su autonomía, con frecuencia con buenas razones.

En Estados Unidos, donde la tendencia antifederalista ha estado siempre latente, la rica California se siente cada vez más alejada de la Norteamérica de Trump. Tras el Brexit, numerosos californianos recogen firmas a favor de un “Calexit”. Si hoy se celebrara un referéndum sobre la secesión del Québec, y si el Canadá anglófono no hubiera maniobrado en los últimos veinte años con habilidad para diluir la comunidad quebequesa, quizá la Belle Province se separaría del resto del país. A fuerza de no encontrar su lugar en una Argelia realmente democrática y redistributiva, la Cabilia podría lanzarse de nuevo a las calles, como lo hizo antes de los años de plomo, en una “primavera bereber” que fue aplastada. En Bélgica, el Estado federal se mantiene por la inercia, y sobre todo porque la economía valona depende en buena medida de la próspera Flandes.

Incluso si la Unión Europea consiguiera mantener Europa unida, la tendencia parece indicar que nos dirigimos a una Europa de las regiones.

En Cataluña, el nacionalismo entona el “¡Adiós, España!”. Incluso golpeado por un atentado tan grave como el de Barcelona, el país no ha sido capaz de llorar al unísono. La muchedumbre aplaudía, pero el Rey recibió también una sonora pitada. La manifestación contra el terrorismo, que quería ser transversal y sin otros símbolos, se vio salpicada de banderas catalanas. Si el reférendum [del 1 de octubre] se celebrara finalmente, y si la autodeterminación se impusiera, ¿qué hará Madrid, que considera que este proceso es inconstitucional? España corre el riesgo de pasar los próximos años evitando esta fractura, en lugar de reuniendo fuerzas para hacer frente al terrorismo. Aquí, resulta difícil comprender por qué es tan urgente separarse. Es muy distinto en el caso del Kurdistán iraquí.

Se entiende perfectamente por qué el gobierno regional kurdo quiere un referéndum el 25 de septiembre. La parte kurda de Irak obtuvo su autonomía en 2005, tras décadas de persecuciones y de esperanzas insatisfechas. El acuerdo preveía que un 17% del presupuesto nacional iraquí fuera transferido a la región, para financiar su Administración autónoma. Hace años que esto no se cumple; el gobierno kurdo tiene que vender directamente su petróleo para poder pagar a sus funcionarios. ¿Por qué seguir manteniéndose bajo la tutela de Bagdad?

El KRG y sus peshmergas, que han colaborado con el Ejército nacional en su lucha contra el ISIS, reivindican lógicamente el derecho a un Kurdistán libre. Pese a las tensiones fratricidas avivadas por la guerra, sobre todo en la región de Shingal, muchos habitantes de la región prefieren vivir bajo un gobierno kurdo que bajo un gobierno iraquí. ¿Irá hasta el final este referéndum? Y, si lo hace, ¿cuál será la reacción de los Estados de la región? Bagdad se inquieta. ¿Acabará soltando lastre para evitar la separación completa? Irán da muestras de gran agitación, y las milicias chiíes se mueven. Si la secesión se impone hasta el punto de incluir territorios disputados como Kirkuk, la “Jerusalén kurda”, rica en petróleo, todo es posible.

Kurdos y árabes han combatido juntos a ISIS, pero todo les separa, empezando por sus intereses a la hora de decidir cómo vivir juntos y en paz. Rusos y norteamericanos podrían tomar partido por el Kurdistán. Norteamérica, en particular, acaba de enviar una señal inequívoca: iniciar la construcción de un consulado gigante, que tiene toda la apariencia de una futura embajada.

Caroline Fourest 

 

Publicités

Une réflexion au sujet de « ¿Adiós Irak, adiós España? »

Laisser un commentaire

Entrez vos coordonnées ci-dessous ou cliquez sur une icône pour vous connecter:

Logo WordPress.com

Vous commentez à l'aide de votre compte WordPress.com. Déconnexion / Changer )

Image Twitter

Vous commentez à l'aide de votre compte Twitter. Déconnexion / Changer )

Photo Facebook

Vous commentez à l'aide de votre compte Facebook. Déconnexion / Changer )

Photo Google+

Vous commentez à l'aide de votre compte Google+. Déconnexion / Changer )

Connexion à %s